El triunfo del abogado Abelardo de la Espriella representó un duro revés para el oficialismo colombiano y dejó al descubierto fricciones dentro del Pacto Histórico. Durante la noche del domingo, el ambiente de derrota predominaba entre los seguidores del senador Iván Cepeda, cuya campaña había comenzado la jornada electoral con la expectativa de imponerse en primera vuelta.
A pocas cuadras del comando electoral de Cepeda, en el centro de Bogotá, el ministro del Interior, Armando Benedetti, conversó con observadores internacionales y comentó con ironía: “Todos andaban diciendo que yo andaba metido en la elección, bueno, esto demuestra que era puro cuento”.
En el Salón Rojo del Hotel Tequendama, reservado por la campaña de Cepeda, numerosos asientos permanecieron vacíos. También fueron escasas las voces que acompañaron consignas como “No pasarán”, “sí se puede” y “sí a la democracia y no al fascismo”.
La declaración de Benedetti adquiere relevancia por su lugar como principal operador político del Gobierno y por su mala relación con Cepeda, una situación que lo mantuvo alejado de las principales decisiones de campaña. El resultado fue contundente: De la Espriella ganó en todas las ciudades y superó al senador por más de medio millón de votos.
Cepeda desarrolló una campaña moderada, centrada en respaldar las consignas del Gobierno de Gustavo Petro y con pocos anuncios de relevancia. Esa estrategia contrastó con el despliegue más dinámico de De la Espriella, quien durante la última semana logró imponerse en la narrativa electoral.
La candidatura de Cepeda se concentró en defender la agenda social y económica de Petro. Sin embargo, dentro de su búnker se instaló la evaluación de que faltó una posición más sólida en materia de seguridad.
Como explicación del resultado, desde la campaña de Cepeda sostienen que los escándalos de corrupción que afectan al Gobierno de Petro, varios de ellos protagonizados por Benedetti, terminaron influyendo en la decisión de los votantes.
El Pacto Histórico mantuvo el piso electoral de hace cuatro años, con un 40%, pero solo consiguió imponerse en las zonas más periféricas y en Bogotá. En cambio, el voto joven, urbano y de clase media se inclinó por el outsider.
