En medio del escrutinio de las elecciones de medio término en Estados Unidos, LPO conversó con Cruz Bonlarron Martínez, escritor, investigador independiente y analista internacional de origen puertorriqueño, acerca del escenario político estadounidense y de los posibles efectos de los comicios sobre la administración de Donald Trump.
Bonlarron Martínez, quien participó en la campaña presidencial de Bernie Sanders en 2020 y en otras campañas en Illinois, California, Nueva York y Puerto Rico, examinó la polarización social, las eventuales dificultades de Trump ante la pérdida de las dos cámaras del Congreso y las tensiones dentro del Partido Demócrata.
Una elección atravesada por Trump
Según el analista, Estados Unidos atraviesa un clima político y social de fuerte tensión y polarización como consecuencia de las políticas de la administración Trump. A su juicio, una parte importante de la población se define actualmente a partir de su posición frente al presidente.
“Esta elección es más de trumpismo y antitrumpismo”, sostuvo. También advirtió sobre un incremento significativo de la violencia política, las amenazas y otras formas de intimidación, fenómenos que vinculó con la creciente polarización de la sociedad estadounidense.
Para Bonlarron Martínez, los comicios funcionan como un plebiscito sobre la gestión de Trump. Consideró que tanto la política exterior —incluida la guerra en Irán y el genocidio en Palestina— como las políticas internas en materia económica y migratoria tienen un peso central en la votación.
Además, señaló que las encuestas reflejan buenos desempeños demócratas en estados tradicionalmente republicanos, donde el partido no alcanzaba niveles de aceptación relevantes desde hacía tiempo. Por ello, remarcó que la elección constituye una evaluación directa del mandato de Trump.
Los límites de un Congreso adverso
Perder el control de ambas cámaras podría tener consecuencias importantes para el presidente, especialmente para el avance de su agenda interna. Sin embargo, el analista recordó que Trump ha demostrado capacidad para alcanzar acuerdos con sectores demócratas.
Como ejemplo, mencionó que durante la pandemia de Covid-19, en 2020, Trump logró un entendimiento con el ala izquierda demócrata para otorgar pagos a los ciudadanos ante la crisis. En esa línea, consideró que podría volver a tender puentes con ese sector en asuntos económicos e incluso en torno a los aranceles, si cambia su discurso.
En materia migratoria, en cambio, estimó que podría buscar consensos con el sector más conservador del Partido Demócrata, con el que ya mantuvo acercamientos, como ocurrió con el senador por Pensilvania, John Fetterman.
Bonlarron Martínez afirmó que un Congreso opositor podría dificultar el avance de algunas iniciativas y limitar determinadas políticas, sobre todo las migratorias. No obstante, descartó que una derrota legislativa representara un golpe fatal para el gobierno de Trump, al que describió como un político experimentado en la negociación.
Las tensiones dentro del Partido Demócrata
El analista describió al Partido Demócrata como una fuerza de amplio espectro ideológico, con sectores que en América Latina podrían ser considerados de centro derecha o derecha, y otros ubicados a la izquierda, con posiciones socialistas e incluso anticapitalistas. En su opinión, mantener el equilibrio entre ambas corrientes es complejo.
Aun así, sostuvo que tanto el Partido Republicano, estructurado alrededor del trumpismo, como el Partido Demócrata están definidos en buena medida por su posicionamiento ante Trump. Mientras el presidente continúe en el poder, estimó, la oposición conservará cierto nivel de cohesión.
Sin embargo, observó que algunos sectores de la derecha demócrata se acercaron al Partido Republicano. Citó el caso de Fetterman, quien habló mediante un video en la convención republicana.
También mencionó la derrota de Haley Stevens, una de las precandidatas demócratas al Senado por Michigan, frente a Abdul El-Sayed. Según explicó, El-Sayed logró reunir una coalición amplia y diversa sin abandonar su respaldo al pueblo palestino ni sus críticas al genocidio en Palestina y al respaldo económico de Estados Unidos a Israel. Tras perder la interna, Stevens apoyó al candidato republicano.
Bonlarron Martínez consideró que, si el Partido Demócrata se mueve más hacia la izquierda y los sectores socialistas siguen imponiéndose en las primarias, podrían producirse nuevas deserciones desde los sectores de derecha e incluso surgir una nueva fuerza partidaria.
La proyección hacia 2028
Una derrota republicana podría afectar la imagen del partido, aunque el analista subrayó que dos años representan un período extenso en política. También podría abrir la posibilidad de que los demócratas construyan una alternativa desde el Congreso.
Los resultados, añadió, podrían reforzar el peso del ala izquierda demócrata. Distintos dirigentes y sectores siguen de cerca estas elecciones para definir sus respaldos de cara a 2028, tanto en la interna demócrata como en la republicana.
Respecto del liderazgo de Trump, manifestó dudas sobre que una eventual derrota electoral pueda alterarlo. Afirmó que el presidente moldeó al Partido Republicano a su propia imagen y que se trata de una estructura altamente personalista, una característica que no espera que cambie antes de 2028.
En el campo republicano, indicó que algunos miembros de la administración podrían alejarse de ciertos aspectos del discurso de Trump. Mencionó al vicepresidente JD Vance y a Marco Rubio como posibles aspirantes a la nominación presidencial. No obstante, opinó que Vance tiene un techo electoral similar al de Trump y que Rubio podría tener opciones en una elección general, pero difícilmente se impondría en una primaria republicana por el racismo presente en la base del trumpismo.
Sin cambios de rumbo en América Latina
Para Bonlarron Martínez, una eventual pérdida republicana del Congreso no modificaría sustancialmente la política exterior estadounidense hacia América Latina. Aunque reconoció que los legisladores pueden imponer límites, por ejemplo sobre el financiamiento a determinados gobiernos, señaló que la conducción de la política exterior depende principalmente del Poder Ejecutivo.
Por ese motivo, sostuvo que no prevé un cambio de rumbo en la relación de Estados Unidos con la región. Por el contrario, consideró que esa política continuará e incluso podría adoptar un carácter más agresivo.
