La reciente caída del peso mexicano vuelve a poner bajo presión la estrategia del Banco de México (Banxico). Este viernes, la moneda registró una depreciación de 1.35%, su mayor descenso en una jornada en casi un año. Sin embargo, la incertidumbre no se limita al mercado cambiario: las comunicaciones del banco central no han dejado claro qué relevancia asigna al tipo de cambio ni hasta qué punto aceptaría una mayor debilidad de la divisa.
En las últimas cinco semanas, el peso se ha depreciado cerca de 9%, en un escenario influido por las señales de una política más restrictiva de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y por las previsiones de que Banxico mantenga su ciclo de relajación monetaria.
Banxico ha sostenido que puede adoptar decisiones diferentes a las de la Fed, al considerar que las condiciones macroeconómicas de México y Estados Unidos no son las mismas. No obstante, esta separación genera preguntas sobre la forma en que el instituto central evalúa los riesgos para la inflación, la actividad económica y el tipo de cambio.
Para Paulina Anciola, analista de Banamex, la principal dificultad radica en la ausencia de explicaciones consistentes sobre la posición de la Junta de Gobierno.
“El problema con esta junta es que no nos dan argumentos congruentes”, señaló.
La especialista cuestionó que el banco central mencione la desaceleración de la actividad económica sin desarrollar con suficiente detalle ese diagnóstico, al tiempo que reconoce presiones inflacionarias al alza y mantiene abierta la posibilidad de recortar la tasa de interés.
La falta de definiciones también ha dado lugar a diversas interpretaciones sobre los motivos que podrían impulsar a Banxico a disminuir el costo del dinero. Una de ellas plantea que un recorte sería una señal hacia la Secretaría de Hacienda, al reducir el costo financiero de la deuda pública. Sin embargo, Anciola considera que una medida de ese tamaño tendría un efecto acotado para ese propósito.
Otra lectura apunta a una mayor preocupación del banco central por la fortaleza del peso y su impacto sobre la competitividad de los exportadores. Desde esa perspectiva, una política monetaria menos restrictiva podría ayudar a moderar la apreciación de la moneda, aunque no existe claridad sobre si este es un objetivo deliberado de la Junta de Gobierno.
Anciola no descarta que entre las razones se encuentre el apoyo al sector exportador, “sobre todo porque esta junta se preocupa más por la parte económica que la inflación”.
El nivel de referencia para el tipo de cambio también plantea interrogantes. Banamex ha mencionado un promedio histórico de 19.50 pesos por dólar, pero esa cifra no constituye una meta oficial de Banxico ni permite determinar que el banco central esté dispuesto a permitir que la moneda alcance ese nivel.
El reto para Banxico consiste en explicar cómo compatibiliza el objetivo de mantener controlada la inflación con una posible reducción de tasas en un contexto de depreciación cambiaria. Un peso más débil puede elevar el costo de las importaciones y sumar presiones sobre los precios, aunque el efecto depende de la dimensión y duración del ajuste, así como de su traslado a la inflación.
Hasta ahora, las señales de Banxico no permiten definir con precisión qué peso tiene el tipo de cambio en sus decisiones de política monetaria ni qué nivel de depreciación podría modificar su postura. La próxima decisión de política monetaria, programada para noviembre, será una oportunidad para que el banco central detalle sus argumentos y ofrezca señales sobre el margen que considera tener para diferenciarse de la Fed.
