4 Nov 2026, Mié

En Palacio analizan el impacto electoral de los programas sociales tras la derrota de Lula

La derrota del presidente Lula Da Silva en la primera vuelta electoral de Brasil generó intercambios y análisis dentro del entorno presidencial mexicano. El tema continuaba presente durante los festejos por el aniversario de Morena en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México, realizados la tarde de este miércoles.

El principal punto de atención es que el gasto social impulsado por el gobierno del Partido de los Trabajadores no logró compensar el avance de la oposición liderada por Flavio Bolsonaro.

Funcionarios que estuvieron en contacto con el entorno de Lula señalaron que su administración destinó cerca de 60.000 millones de dólares anuales a transferencias directas para los sectores de menores ingresos, una cifra equivalente a aproximadamente 3,5% del PIB. En México, ese gasto se ubica alrededor de 2,5% del PIB.

El asunto cobra relevancia en el equipo económico de Claudia Sheinbaum, donde crece la preocupación por la presión que representan los programas sociales en una economía que muestra señales evidentes de estancamiento. La cuestión central es si ese esfuerzo de las finanzas públicas se reflejará en votos durante la elección de medio término.

Dentro del gabinete se considera que, al recibir los recursos mediante tarjetas y cobrarlos en sucursales bancarias, los beneficiarios de los programas pueden perder con el tiempo la percepción de que se trata de una decisión del Gobierno de la 4T.

Los responsables de operar estos apoyos se concentran, en su mayoría, en entregar nuevas tarjetas o reemplazar las extraviadas, como resultado de la expansión de los puntos de cobro. La conclusión que circula en Palacio es crítica: quienes inicialmente eran vistos como grandes operadores territoriales hoy funcionan como empleados de las sucursales del Banco del Bienestar.

Desde la Secretaría de Hacienda suman otro elemento para explicar el resultado de Lula: Brasil registra una inflación subyacente en alimentos entre un punto y un punto y medio superior a la de México.

Este factor es considerado determinante. El enviado de LPO a San Pablo, Augusto Taglioni, reportó durante la cobertura de la primera vuelta que integrantes del equipo de Lula mencionaban que la inflación redujo el efecto favorable de los apoyos sociales. Para el equipo económico de la 4T, esa situación representa una advertencia directa.

La movilización constituye otra dimensión relevante. Tanto la campaña brasileña como la colombiana, donde meses atrás también fue derrotado el candidato de centro-izquierda, transcurrieron sin gran entusiasmo previo en las calles, con movilizaciones moderadas y lejos del fervor observado en años anteriores.

Esta situación refuerza en Morena la necesidad de mantener las movilizaciones, las asambleas y las convocatorias al Zócalo, bajo la premisa de que moderar el ánimo de la militancia podría acelerar un proceso de declive. De ahí la urgencia de que el movimiento alcance cohesión en los estados que disputará el próximo año.

En Brasil también circula la idea de que la campaña del PT tuvo dificultades para instalar temas capaces de movilizar al electorado. En el oficialismo mexicano ya se debate cuál podría ser esa agenda para el primer semestre del año próximo.

Por ahora, el escenario permanece poco definido. El actual periodo legislativo avanza con iniciativas relacionadas con la ciudadanía de los candidatos, los contenidos digitales y la regulación de la reforma judicial. Aunque son asuntos relevantes para el círculo político, parecen distantes para el público general.

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