El terremoto que sacudió a Colombia este lunes por la mañana irrumpió de lleno en los primeros días del gobierno de Abelardo de la Espriella. A solo tres días de haber asumido la Presidencia, el mandatario debió priorizar una emergencia nacional imprevista que afectó especialmente al occidente del país, la región que había escogido para iniciar su mandato.
De la Espriella asumió el viernes en Cali, en una ceremonia inusual para la política colombiana reciente al realizarse fuera de Bogotá. Durante el acto expuso las líneas centrales de una administración que busca diferenciarse del ciclo progresista: cuestionó a la izquierda, lanzó duras críticas contra el crimen organizado y situó la seguridad entre las principales prioridades de su gestión.
Sin embargo, el movimiento telúrico alteró de forma abrupta ese escenario. La primera crisis relevante que enfrenta el nuevo presidente no está vinculada con una disputa legislativa, un problema de seguridad o una confrontación política, sino con una emergencia que exige al Estado desplegar rápidamente recursos de rescate, atención sanitaria, infraestructura y asistencia para las comunidades damnificadas.
La situación tiene una carga simbólica adicional. De la Espriella había convertido a Cali en el punto de partida de su llegada al poder, con la intención de mostrar que su gobierno no se concentraría únicamente en Bogotá. Apenas tres días más tarde, el occidente colombiano volvió a ocupar el centro de la agenda nacional, esta vez debido a un terremoto que se sintió en gran parte del país.
Manuel Camilo González, analista político colombiano y profesor universitario, señaló a LPO que el sismo podría implicar un costo político para De la Espriella, pese a que el mandatario no tenga una responsabilidad directa en el desastre. Según explicó, inicialmente las consecuencias de una eventual falta de prevención podrían atribuirse a la administración anterior, lo que representaría una ventaja para el nuevo gobierno. No obstante, advirtió que el escenario puede cambiar si la respuesta oficial no resulta eficaz. “Si la acción no es pronta, si hay más costo humanitario, ya no por cuenta del temblor, sino por la mala gestión de las entidades territoriales y particularmente del Gobierno nacional, hay una atribución casi que directa”, sostuvo.
El terremoto se produce además en un momento político particular. De la Espriella lleva apenas 72 horas en la Casa de Nariño, mientras que su antecesor, Gustavo Petro, dejó el poder el viernes. La transición todavía es reciente y no existió un empalme organizado entre la administración saliente y la entrante. En ese contexto, el oficialismo apenas comenzaba a activar su estructura cuando se encontró ante su primera emergencia de alcance nacional.
Para Petro y el Pacto Histórico, la crisis plantea un reto diferente. Por primera vez desde la llegada de ese movimiento al poder, sus dirigentes deben responder a una emergencia nacional desde la oposición. El expresidente convocó a los integrantes del Pacto Histórico a “coordinar esfuerzos” y “activar la solidaridad” con las comunidades afectadas.
El mensaje de Petro también incluyó una señal política hacia el nuevo gobierno. El exmandatario afirmó que el Estado debe asegurar una respuesta “inmediata, articulada y humana”, y pidió que toda la capacidad estatal se ponga al servicio de las personas damnificadas. El planteamiento fue dirigido al “Tigre”, quien durante la campaña había prometido reducir el Estado en un 40%.
La posición de Petro refleja el lugar delicado que ocupa ahora el Pacto Histórico. Tras cuatro años de gobierno, el movimiento debe construir un perfil opositor frente a un presidente que basó parte de su llegada al poder en las críticas a la izquierda y al progresismo, a los que vinculó con el crimen organizado y los grupos guerrilleros que aún operan en distintas zonas de Colombia.
El Centro Democrático también deberá definir su papel en este nuevo escenario. El partido del expresidente Álvaro Uribe, que durante años concentró el principal espacio de la derecha colombiana, enfrenta el desafío de acompañar a un gobierno cuyo discurso atrajo a una parte importante de su electorado, aunque no responde necesariamente a las estructuras tradicionales del uribismo. A la vez, debe afrontar la salida de figuras propias, como la senadora María Fernanda Cabal, quien aspiraba a ser candidata presidencial en lugar de Paloma Valencia, fue desplazada por la conducción partidaria y formalizó su renuncia ayer.
Para González, la emergencia también podría abrir una oportunidad política para el nuevo presidente. De la Espriella tendría la posibilidad de flexibilizar su discurso de austeridad y elevar el gasto para reconstruir las áreas afectadas, especialmente en la región Andina y el suroccidente. El analista consideró que una mayor presencia estatal podría otorgarle gobernabilidad y fortalecer su imagen como presidente de las regiones.
Al mismo tiempo, González indicó que la crisis no necesariamente cambiará las prioridades estructurales del gobierno y podría incluso aumentar la presencia de las Fuerzas Armadas y la Policía en las tareas de asistencia. “Las fuerzas armadas y la policía asuman tareas civiles, para proyectar una imagen de efectividad”, explicó. De la Espriella deberá resolver si incrementa el gasto para afianzar su presencia territorial o si sostiene una política de austeridad que podría deteriorar su imagen en las zonas más golpeadas.
El escenario regional suma otro elemento de contexto: las imágenes del doble terremoto que afectó recientemente a Venezuela todavía están presentes. Por ahora, la prioridad de las autoridades colombianas es determinar la magnitud de los daños, asistir a las comunidades afectadas y coordinar las labores de rescate y atención. Mientras se intenta contener la emergencia, el sismo ya modificó el comienzo del nuevo ciclo político colombiano.
De la Espriella llegó a la Presidencia con una agenda centrada en la seguridad, la lucha contra el crimen organizado y la ruptura con el progresismo. Apenas tres días después de asumir, el terremoto le impuso una primera prueba de una naturaleza completamente distinta.
